miércoles 11 de noviembre de 2009

Béla Bartók x Berliner Philarmoniker & Pierre Boulez

.












Concerto for Orchestra, 1943

martes 10 de noviembre de 2009

Thomas Pynchon

USA (1937)




One summer afternoon Mrs Oedipa Maas came home from a Tupperware party whose hostess had put perhaps too much kirsch in the fondue to find that she, Oedipa, had been named executor, or she supposed executrix, of the estate of one Pierce Inverarity, a California real estate mogul who had once lost two million collars in his spare time but still had assets numerous and tangled enough to make the job of sorting it all out more than honorary. Oedipa stood in the living room, stared at by the greenish dead eye of the TV tube, spoke the name of God, tried to feel as drunk as possible. But this did not work. She thought of a hotel room in Mazatlán whose door had just been slammed, it seemed forever, waking up two hundred birds down in the lobby; a sunrise over the library slope at Cornell University that nobody out on it had seen because the slope faces west; a dry, disconsolate tune from the fourth movement of the Bartók Concerto for Orchestra; a whitewashed bust of Jay Gould that Pierce kept over the bed on a shelf so narrow for it she'd always had the hovering fear it would someday topple on them. Was that how he'd died, she wondered, among dreams, crushed by the only ikon in the house? That only made her laugh, out loud and helpless: You're so sick, Oedipa, she told herself, or the room, which knew.



en The Crying of Lot 49, 1966

lunes 9 de noviembre de 2009

medusa


foto: Malene Thyssen


sábado 7 de noviembre de 2009

Maria Bethânia

Brasil (1946)




O que tinha de ser

Porque foste na vida
A última esperança
Encontrar-te me fez criança
Porque já eras meu
Sem eu saber sequer
Porque és o meu homem
E eu tua mulher.

Porque tu me chegaste
Sem me dizer que vinhas
E tuas mãos foram minhas com calma
Porque foste em minh’alma
Como um amanhecer
Porque foste o que tinha de ser.


Tom Jobim e Vinicius de Moraes

viernes 6 de noviembre de 2009

Peter Hammill

UK (1948)




The Future Now

Here we are, static in the latter half
of the Twentieth Century
but it might as well be the Middle Ages,
there'll have to be some changes
but how they'll come about foxes me.
I want the future now,
I want to hold it in my hands;
all men equal and unbowed,
I want the promised land.

But that doesn't seem to get any closer,
and Moses has had his day...
the tablets of law are an advertising poster,
civilisation here to stay
and this is progress?
You must be joking!
Me, I'm looking for any kind of hope.
I want the future now,
I want to see it on the screen,
I want to break the bounds
that make our lives so mean.

Oh, blind, blinded, blinding hatred
of race, sex, religion, colour, country and creed,
these scream from the pages of everything I read.
You just bring me oppression and torture,
apartheid, corruption and plague;
you just bring me the rape of the planet
and joke world rights at The Hague.
Oh, someday the Millennium!
But how far is someday away?

I want the future now
I'm young, and it's my right.
I want a reason to be proud.
I want to see the light.
I want the future now,
I want to see it on the screen,
I want to break the bounds:
make life worth more than dreams.



en The Future Now, 1978


jueves 5 de noviembre de 2009

Remedios Varo

España-México (1908-1963)



Bordando el Manto Terrestre, 1961


miércoles 4 de noviembre de 2009

Gabriela Cabezón Cámara

Argentina (1968)




En ese momento, cuando Kevin intentaba agarrar la taza, el sueño se me astillaba y me cortaba, me transía el dolor: él no podía tomar la leche ni comer las galletitas que sin embargo le seguían haciendo brillar los ojitos negros como si los siguiera teniendo, como si esas bolas siguieran vivas de la vida de él. No había pasado mucho tiempo pero los ojos, creo, son de lo que más rápidamente se descompone en los cuerpos cuando dejan de ser cuerpos y se transforman en otra cosa, tan inexorable y ciegamente como una roca en lava y un montón de lava en una isla y una isla en un montón de pedazos de piedra. Quería agarrarla y no podía: su manito atravesaba la taza que a esa altura del sueño tenía toda la solidez de las cosas de este mundo y no se dejaba agarrar por fantasmas. Ahí se me moría otra vez el muerto que más me mortificaba: ya no me importaba nada más, casi dejaba de sentir cuando intentaba sentarlo en mis rodillas para darle la leche y no podía. Y sin embargo algo me latía en la falta y era tan imposible que latiera y no viviera que no podía parar de intentar el abrazo, como si la imposibilidad fuera un error de procedimiento. Lo intentaba mil veces sin agarrar más que aire, terminaba una y otra vez abrazándome a mí misma, sola, con la única compañía del latido de un corazón que no era el mío. Me despertaba llorando, casi ahogada y era cierto: Kevin no estaba más, estaba remuerto, haciéndose suelo de cementerio, quién sabe, pensaba, con el tiempo y las raíces y las fotosíntesis de alguna manera sería también aire, agua, tormenta. Boludeces, igual podría ser una ensalada o lombrices para pescar bagres y seguro que era nada, apenas lo que yo podía recordar.



en La Virgen Cabeza, Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2009, págs. 12-13


martes 3 de noviembre de 2009

taguató


foto: JAS


lunes 2 de noviembre de 2009

Guillermo Piro

Argentina (1960)




[...] Lo que siguió ya es historia. Este libro me cuelga del cuello como una gaviota muerta. Mi imaginación está tan muerta como el pájaro. Y sin embargo hay cosas buenas en las treinta mil palabras que he escrito. Según mi experiencia, al cabo de unos meses uno tiene la sensación de que la novela remonta vuelo. El avión avanza por la pista a velocidad cada vez mayor. Después, el suave despegue. Y al fin uno siente que las ruedas ya no tocan el suelo. Pues bien, es precisamente ahí donde ahora me encuentro, plenamente libre, planeando en el aire inmóvil. Releyendo lo escrito tengo la impresión de haber estado dormitando en la cabina de mando. De pronto, un café me despabilaba, pero nuevamente, a intervalos regulares, caía otra vez en la modorra, me dejaba llevar por detalles insignificantes, lo cual, a la larga, terminaba por adormecerme aún más. Pero lo cierto es que el avión seguía volando. Cada tanto, naturalmente, un pozo de aire hacía que el estómago se me subiera a la boca, pero en fin, tarde o temprano todo se estabiliza y el viaje prosigue. Las nubes se ven particularmente calmas y densas desde arriba, el instrumental habla su lengua sigilosa, todo está en orden. Estoy tratando de divisar la pista de aterrizaje. Estoy cansado. Ya la veo. Blanca pregunta: “¿No quieres un poco de torta de chocolate?”. “No, gracias”. “Insisto”, dice, la hice yo, con mis propias manos”. “Bueno, tal vez un poco”. “¿Y una taza de café?”. “Está bien, una taza”. Blanca mira por la ventana. “¿No hace un día precioso?”, dice. “Precioso”, digo.



en Celeste y Blanca, Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2009, págs. 137-138





domingo 1 de noviembre de 2009

Stonehenge




sábado 31 de octubre de 2009

lirio





viernes 30 de octubre de 2009

Haruki Murakami

Japón (1949)





“You know, Mr. Wind-Up Bird, I sometimes wonder what it must feel like to die little by little over a long period of time. What do you think?”

Unsure exactly what she was getting at, I changed my grip on the hand strap and looked into her eyes. “Can you give me a concrete example of what you mean by that – to die little by little?”

“Well... I don’t know. You’re trapped in the dark all alone, with nothing to eat, nothing to drink, and little by little you die...”

“It must be terrible,” I said. “Painful. I wouldn’t want to die like that if I could help it.”

“But finally, Mr. Wind-Up Bird, isn’t that just what life is? Aren’t we all trapped in the dark somewhere, and they’ve taken away our food and water, and we’re slowly dying, little by little...?”

I laughed. “You’re too young to be so... pessimistic,” I said, using the English word.

“Pessi-what?”

“Pessimistic. It means looking only at the dark side of thing.”

“Pessimistic... pessimistic...” She repeated the English to herself over and over, and then she looked up at me with a fierce glare. “I’m only sixteen,” she said, “and I don’t know much about the world, but I do know one thing for sure. If I’m pessimistic, then the adults in this world who are not pessimistic are a bunch of idiots.”




en The Wind-Up Bird Chronicle, translated from the Japanese by Jay Rubin, New York: Vintage Books, 1997, pp. 112-113




jueves 29 de octubre de 2009

Vivian Maier

Francia-USA (1926-2009)




en Vivian Maier - Her Discovered Work


miércoles 28 de octubre de 2009

Chicho Sánchez Ferlosio y Rosa Jiménez

España




Coplas retrógradas

La lengua suelta,
la lengua suelta,
de la niñez me queda
la lengua suelta
y me explico al momento
cuando me dejan:
y cuando no,
me lo aprendo y lo canto
de viva voz.

Dicen que son mis coplas
del diecinueve
porque digo que es blanca
la blanca nieve
Yo no me enfado
que mi siglo parece
que no ha empezado.


... De forma golfa,
de forma golfa,
reconozco que canto
de forma golfa,
pero yo a los tiranos
los pongo en solfa:
fuera el abuso,
fuera los abusones
y quien los puso.

Dicen que son mis coplas
del dieciocho
porque yo a lo podrido
lo llamo pocho
¡Ay, perogrullo,
si tuvieran las cortes
consejo tuyo!


Que ya me ampara,
que ya me ampara,
la constitución dice
que ya me ampara,
y que acate las leyes
de forma clara:
No lo prometo,
que luego se descuelgan
con un decreto.

Dicen que son mis coplas
del diecisiete
porque ataco a los miembros
del gabinete:
son tan modernos,
que provocan la envidia
de otros gobiernos.

No les importa,
no les importa,
aunque a muchos la guerra
no les importa
se ponen como fieras
cuando una aborta:
van por las crías
para hacerlas soldados
y policías.

Dicen que son mis coplas
del dieciseïs
porque digo los fechos
que vos faceïs,
vuestros entuertos
por doquiera nos facen
pressos e muertoss.

Perder la cara,
perder la cara,
cuando el macho no quiere
perder la cara,
no se asoma al abismo
que nos separa:
Y esa locura
es un fallo mu grande
pa la cultura.



en rapidshare

martes 27 de octubre de 2009

Paul Klee

Suiza (1879-1940)


Fish Magic, 1925 (Philadelphia Museum of Art)


lunes 26 de octubre de 2009

Dorothea Tanning

USA (1910)



Birthday, 1942 (Philadelphia Museum of Art)

sábado 24 de octubre de 2009

Diana Aisenberg

Argentina (1958)


Canvas, 1998 (colección privada)




cerrar podrá mis ojos
la postrera sombra
que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
ora a su afán ansioso,
lisonjera;
mas no de esa otra parte, en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa

alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán:
no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado

viernes 23 de octubre de 2009

statice




jueves 22 de octubre de 2009

Franz Marc

Alemania (1880-1916)


Die grossen blauen Pferde, 1911 (Walker Art Center, Minneapolis)



una hija cumple catorce años


también nosotrxs
no vamos a estar
para elegir los caballos
- y mucho menos para cabalgarlos

las cotidianas lavas del volcán
el abismo permanente ante los ojos
y la piel
los alaridos
propios y ajenos
finalmente
nos matarán

: será su turno
de mirar la nada





miércoles 21 de octubre de 2009

Inés Pereira

Argentina (1958)




Canción callada

¿Quién cabalgará tus caballos?


Ahora se deslizan tus manos delicadas
por el borde sinuoso de unas crines de piedra,
palpando así la huella de cada fiebre antigua,
el surco del cuchillo del dolor,
la cizaña que crece, prosperando en los huecos,
la sangre, ya reseca, de la última herida.
No hay más que vendas húmedas y humores amarillos
que remedan el flujo de lo que fuera un río
corriendo caudaloso por un paisaje enfermo,
cuerpo,
libro,
tiempo,
caballo de la muerte,
abrevando en las aguas
-soñadas- del desierto
inyectado de azul, en las quijadas
como una hoja nueva, de sutil nervadura.
Tu alma se ha soltado, se desprende
de unas riendas delgadas
que resisten, a veces,
con la fuerza del hierro que se anuda
en cadenas que tienden hacia atrás y hacia abajo.
Pero ahora es tan leve que se aisla y se fuga
como lo hace
en la tarde de viento, una pequeña nube
que el cielo habrá disuelto
en un rapto, en un rato, fatal, ante nosotros.
Suspiramos, cansados, sobre un cristal quebrado
que se empaña de bruma, como una nota vana,
te lloramos pensándonos jinetes, pero
¿quién podría montar tus desnudos corceles
que bajan la cabeza, paciendo abandonados?
De este lado la pena, con sus golpes monótonos
cabalga las palabras de los que estamos vivos.



en El bosque de los signos II